Doña Paula había estado adelgazando peligrosamente y estaba deprimiéndose. Se ponía irritable, gruñona y amargada. Hasta que un día, de pronto, ella cambió. La situación era igual, pero ella era distinta:
- Viejita – dijo su esposo – llevo tres meses buscando trabajo y no he encontrado nada, voy a echarme unas chelas con los amigos.
- Ah, okey – contestó doña Paula –, ya encontrarás.
- Mamá – dijo uno de sus hijos – reprobé todas las materias en la facultad.
- Ah, okey – respondió la señora – ya te recuperarás y si no pues repites el semestre. Pero te lo pagas tú.
- Mamá – dijo la otra hija – choqué el carro.
- Ah, okey – suspiró ella –, llévalo al taller, busca como pagar y por lo pronto muévete en combi.
- Nuera – llegó diciendo a su suegra, que siempre la fustigaba y encaraba –, vengo a pasar unos meses con ustedes.
- Ah, okey – dijo doña Paula – acomódese en el sillón y agarre unas cobijas del clóset.
Todos se reunieron preocupados al ver estas “no reacciones” de la señora. Supusieron que había ido al médico y que quizás le había recetado unas pastillas de “Me vale madre” de 1000 mgs… Seguramente estaría ingiriendo una sobredosis.
La familia propuso hacer una “intervención” a doña Paula para alejarla de cualquier posible adicción que tuviera hacia algún medicamento anti-encabronamiento. Pero cuál fue su sorpresa que, cuando se reunieron en torno a ella, explicó:
[perfectpullquote align=»full» cite=»» link=»» color=»» class=»» size=»15″]Me tomó mucho tiempo darme cuenta de que cada quien es responsable de su vida. Me tomó años descubrir que mi angustia, mi mortificación, mi depresión, mi enojo, mi insomnio y mi estrés, no sólo no resolvían sus problemas, sino que agravaban los míos…[/perfectpullquote]
… Yo no soy responsable de las acciones de los demás, pero sí soy responsable de las reacciones que exprese ante eso. Por lo tanto, llegué a la conclusión de que mi deber para conmigo misma es mantener la calma y dejar que cada quien resuelva lo que le corresponde…
… He tomado cursos de yoga, de meditación, de milagros, de desarrollo humano, de higiene mental y de programación neurolingüística, y hay un común denominador: que yo sólo puedo tener injerencia sobre mí misma, ustedes tienen todos los recursos necesarios para resolver su propia vida…
… Yo sólo podré darles mi consejo si acaso me lo pidieran y de ustedes depende seguirlo o no. Así que de hoy en adelante, yo dejo de ser el receptáculo de sus responsabilidades, el costal de sus culpas, la lavandera de sus remordimientos, la abogada de sus faltas, la depositaria sus deberes o su llanta de refacción para cumplir sus responsabilidades. Los declaro a todos adultos independientes y autosuficientes.
Todos se quedaron mudos. Ese día la familia comenzó a funcionar mejor,
porque cuando doña Paula está bien, todos en la casa sabrán lo que les toca hacer.
























Discussion about this post