ZONA SUR.- La milpa va creciendo; pero no son muchos los sembradíos. Hay desaliento entre los campesinos ante la falta de estímulos. Dicen que les falta apoyo, que el campo está descapitalizado, que las cosechas de maíz no pagan ni siquiera los costos de producción, etcétera.
En Ahuacatlán, la superficie utilizada en este año apenas sí podría alcanzar el 60 por ciento hablando específicamente del cultivo del maíz. Son muchas tierras ociosas; y no porque no sean cultivables, sino porque así lo prefieren los agricultores.
No son pocos los ejidatarios que optaron mejor por rentar sus tierras; otros prefieren el cultivo de limón. Parcelas donde anteriormente se observaba florecer la milpa, hoy se ven cubiertas de árboles de limón.
La milpa para estas fechas alcanza una altura promedio de 40 centímetros. Es el momento de aplicar fertilizante, de rociar de insecticida para combatir las plagas.
Hasta ahora el agua ha sido un tanto irregular. No ha llovido como debiera y los pronósticos no son tan alentadores.
A los agricultores que son posesionarios de parcelas pequeñas no les es dable contratar asesoría técnica especializada de agrónomos para una atención personalizada, por lo que es difícil que adopte o tenga acceso a paquetes tecnológicos que le permitan incrementar la productividad y bajar, por ende, los costos.
La venta de agroquímicos, en tanto, no ha sido la óptima en este ciclo. Se mantiene estable. No ha decaído, pero tampoco se ha incrementado, según lo explicó Miguel “N”, encargado de una reconocido negocio de este ramo, situado en pleno centro de Ahuacatlán.
Indicó que los productos de mayor demanda son los herbicidas y selladores, como los Primagranes y el Faena, cuyos costos van desde los 100 hasta los 200 pesos, dependiendo del tipo.
De ahí le siguen los insecticidas, utilizados básicamente para el combate de las plagas; pero insistió en que la venta de agroquímicos no es la que se esperaba, culpando de ello a la crisis, al bajo precio de las cosechas y a la falta de apoyo del gobierno hacia este sector.
“Y si por desgracia no es bueno el temporal o hay presencia de sequía o lluvias torrenciales que hacen perder la cosecha – añade Miguel – el campesino no cuenta con ningún seguro agrícola contra siniestros. Su inversión y esfuerzo quedan total o parcialmente perdidos”, subrayó.
























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