AHUACATLÁN.- Pese a los cuidados médicos y a la sólida y persistente atención de sus hijos y nietos, Tomás Carranza Meabe no pudo superar su cuadro clínico. Ayer por la mañana se reportó su fallecimiento en la clínica uno del seguro social, allá en la capital nayarita.
Un fuerte problema que se le detectó no hace mucho – al parecer en la próstata – marcó el final de su existencia, dejando a sus hijos un enorme legado de principios humanos firmes, en los que se prepondera el amor al trabajo, el respeto hacia sus semejantes y la honradez, como raíces para vivir en armonía.
Viudo desde hace algunos años, Tomás Carranza era una persona ampliamente conocida no solo en Ahuacatlán, sino también en las localidades circunvecinas, más aún en el gremio de los bohemios, de esos que acostumbran acudir a bares y restaurantes mientras escuchan buena música.
Muchos de ellos alegraban esos ratos con el acordeón y la voz de éste hombre que abrazó la música como oficio y medio de sustento.
Era pues un excelente acordeonista y era también dueño de una armoniosa voz que se identificaba básicamente con el género norteño; y fue también su oficio lo que le permitió conocer gran parte de la república mexicana.
Dicen por ahí que llevaba ya algunas semanas padeciendo esta enfermedad que de pronto orilló a sus familiares a internarlo en la clínica uno del seguro social.
Cuentan que se le había programado una intervención quirúrgica que no logró resistir, produciéndose su fallecimiento ayer por la mañana, a los 71 años de edad.
Anoche se esperaban sus restos para ser velado en su domicilio de la calle Francisco I. madero, en la colonia Prisciliano Sánchez. DESCANSE EN PAZ.























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