Inmersos en su religiosidad y sensibles al dolor de Jesucristo, con suspiros pausados, lastimosos, tristes. Con miradas compasivas. Bajo una excelente tarde, un sofocante calor que fue desapareciendo conforme se ocultaba el sol. Después cayó la noche; y el cuerpo de Joel Fernando Góngora se desvaneció, mientras que un aire fresco invadía el espacio.
Así fue como los actores de La Judea, en Jala, revivieron la Pasión y Muerte de Jesucristo, en una jornada que congregó a millares de personas.
Por la mañana, cuando el sol comenzaba a caer a plomo y ni una sola nube mitigaba la caída del Astro Rey, Los Judíos, en el Atrio de la Presidencia Municipal, así como en los Barrios, escenificaban la Aprehensión de “El Señor” ante el temor de muchos, la algarabía de otros y la indiferencia de unos cuantos.
Los Judíos aprehendieron al niño y a la niña, al joven y a la joven, al adulto, al empresario y al comerciante, al estudiante y al profesionista, e incluso algunos políticos también cayeron en sus manos, como fueron los casos del presidente municipal Mario Villarreal y del diputado Carlos Carrillo Rodríguez.
Joel Fernando Góngora, un correoso joven de 20 años de edad, fue el depositario al representar al Mesías y contener a su alrededor las miradas de las multitudes…
El histrionismo del muchacho sorprendió a todos, siendo fundamental las enseñanzas de su tío Samuel Magallanes.
Joel Fernando soportó así el Juicio de Poncio Pilatos; e igualmente resistió los azotes de unos hombres que vestían capas y efectos dorados, propios de la guardia romana y los cuales gritaban: “¿Eres el hijo de Dios? ¿Eres el hijo de Dios? ¡Pues haz un milagro!, ja, ja, ja… ¡Sálvate!, a ver si es cierto que eres el hijo de Dios”.
Una corona de espinas portó éste joven en sus sienes al ser “crucificado”…“¿Por qué no se rinde mami?, ¿No le duele?, ¡Por qué se aguanta?”, le preguntaba una niña a su madre… “Pues porque así es hija. Jesús aguantó todo esto para que nosotros pudiéramos vivir libres de pecado”, respondió la señora.
Por todos lados la gente buscaba colocarse en el mejor sitio para poder presenciar “más de cerca” la crucifixión. Las gradas y sillas que se colocaron a los lados y al frente del entarimado resultaron insuficientes.
Las vallas de poco sirvieron para controlar a los interesados. Dentro del Viacrucis todo era asombro y rencor para los fariseos y los romanos. Fuera de él, las cosas volvían a ser normales. Los niños peleaban, los hombres veían a las mujeres que vestían ropas sugestivas…
Quizás no por actuar, sino por verdadero dolor, Joel Fernando parecía sufrir mucho al momento de ser “colocado” sobre la cruz. “En verdad te digo mujer, que tu propia fe te ha salvado”, le dijo a María Magdalena.
“Perdónalos Padre, no saben lo que hacen”, dijo con endeble voz, antes de doblarse. En ese instante, el silencio de la gente provocó un halo de vacilación e inquietud. El Escuadrón hizo su aparición. Fueron momentos larguísimos. y no fueron pocos los que sollozaron en silencio al revivir esta impactante escena.

























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