IXTLÁN DEL RÍO.- Según reportes de asiduos visitantes a burdeles en esta ciudad – o de más afuerita –, en últimas fechas han disminuido considerablemente los clientes de estos tugurios de esparcimiento sexual; ocasionando con ello la marginación y la pobreza de las concupiscentes bailarinas y sexoservidoras que desde tiempos inmemoriales prestan un servicios social a los hombres con problemas de estrés y desatención de pareja.
Todo esto conlleva por una parte a la desocupación de las damas del tacón dorado, y por otra, a la decadencia del oficio más antiguo del mundo; que ha sido desplazado poco a poco por la promiscuidad y precocidad de los jóvenes que entre sí se entregan a la pasión sin contraprestación pecuniaria alguna.
Es triste ver, dicen los pocos parroquianos que siguen fieles al arte de Mesalina, como quedan las largas y anchas pistas sin espectadores que en otrora se disputaban los lugares más próximos a la tarima, y desde luego, al tubo; ese que hoy luce abandonado, extrañando el vello púbico y las luces multicolores que no más sirven para distraer la mirada de lo más importante.
Así, con la ardua competencia de las damiselas que no cobran y han entrado al mercado del desenfreno sexual, allende del abanico de posibilidades que ofrece el pornhub y el redtube, las meretrices tienen que renovar su estrategia de servicio social, si quieren recuperar la vasta clientela que antes tenían.
























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