Inicio estas líneas solicitándote una disculpa anticipada. Creo sinceramente que lo que en esta misiva plasmo no será de tu agrado. Tal vez sea conveniente que interrumpas desde este instante la lectura para que no seas presa de disgustos. Apelo también a tu cordura para que me sigas dispensando con tu amistad. Son mis deseos seguir siendo tu amigo y no quisiera que ésta se trastoque por la diferencia de opiniones.
Deja en primer término felicitarte en razón de que perteneces a uno de los sindicatos más sólidos de nuestro hermoso Nayarit. Y qué bueno que defiendes tus derechos como trabajador, sin embargo a mí me parece que tu organización ha caído no solamente en excesos, sino también en abusos.
Hoy llega a mi mente una frase que muchas veces le escuché al ex presidente municipal de Ahuacatlán, Plácido Rodríguez Perales, con quien tuve una relación muy cercana en virtud de mi cargo como secretario del Ayuntamiento, allá en el segundo lustro de la década de los 80’s.
Plácido, te explico, se formó políticamente cobijado por el sindicato de ferrocarrileros y bajo la guía del bien recordado líder obrero Emilio M. González. Por eso ha sido un férreo defensor de los sindicatos, como el tuyo. “El sindicato – decía – es el templo sagrado de los derechos y conquistas de los trabajadores”.
Yo, mi estimado agremiado del SUTSEM, coincido plenamente con esa frase; sin embargo, creo que también han abusado de su fuerza, además de que disiento de algunas otras cosas, como es el caso de las presiones que ejercen para que se sigan basificando trabajadores pues con ello se aprietan más las arcas municipales.
Fíjate que este tema lo he tratado muchas veces con algunos compañeros tuyos y argumentan que son conquistas legítimas. Les comento que los activos de las presidencias municipales no son tan jugosos y me reviran afirmando que esto es debido a los altos sueldos de los funcionarios de primer nivel y a la mala planeación en los gastos.
Creo que tienen razón. Las percepciones de nuestros gobernantes – lo he dicho muchas veces – son demasiado elevadas; y si a esto le añadimos lo que se roban, ¿te imaginas? Pero esto ha sido también parte de los pretextos que ustedes utilizan para exigir aumento de salarios, pagos o prestaciones que en lo personal me parecen desproporcionadas.
Te pregunto: ¿Consideras justo los 75 días de aguinaldo que exiges?, ¿y los bonos por fin de trienio, las primas vacacionales, quinquenios, día de las madres, bonos navideños, día del burócrata, becas escolares, ¿y qué más?
Por otro lado déjame decirte que los sueldos de los burócratas no son cualquier cosa. Creo que ganas un salario que quizás tú no consideres decoroso, pero yo sí; o al menos mucho mejor que cualquier jornalero o asalariado. ¿Tú con qué nivel cotizas tu salario?
Ah, y no te ofendas, pero también me doy cuenta que algunos trabajadores ven a tu sindicato como una empresa familiar. Me gustaría desmentirlos, pero creo que carecería de argumentos, pues con mucha tristeza veo que efectivamente heredan o exigen cargos para el hijo y para el hermano, para el tío y para el sobrino, para el primo y hasta para el cuñado, quitándole de esta manera la oportunidad a otras personas que necesitan un empleo, ¿Te parece justo eso?
Pero bueno, no cuestiono el hecho de que pertenezcas a un sindicato. ¿Quieres un mejor porvenir para tu pueblo?, ¡Lucha entonces porque los funcionarios se reduzcan sus salarios! Evita ser cómplice de los saqueos financieros. ¡No lastimes más las arcas municipales! Creo que con esos excedentes se podría lograr un mejor y mayor bienestar social. Que Dios te bendiga.
























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