Reencontrarme con mi estimadísimo amigo y paisano Chito Montero me produjo mucha alegría. Ambos coincidimos en el Club Social y Deportivo durante la final del basquetbol que se efectuó el pasado jueves.
Conversamos de una y mil cosas, aunque el tema que más predominó fue el de las enfermedades; las vicisitudes por las que pasamos actualmente uno y otro.
Iniciaba la final cuando suspendimos la conversación. Ya no lo volví a ver. Me dijo que se regresaría a Guerrero este lunes; pero al regresar a casa volví a recordar mi paso por la Casa del Estudiante, en Tepic. Chito me tendió la mano cuando solicité mi ingreso a ese recinto…
Los primeros días tuve dificultades para cargar mi charola proveída de alimentos. Ahí en la cocina conocí a Doña Mary, una mujer de contrastes. A veces amanecía de muy buen humor, pero al día siguiente refunfuñaba contra todo. Los estudiantes solían mofarse de ella inventando una y mil travesuras.
De algunos 60 y tantos años, Doña Mary, tengo entendido, fue una de las primeras cocineras que laboró en la Casa del Estudiante de la ciudad de Tepic. Y hasta eso, tenían muy buen sazón. Nadie como ella para preparar el bistec ranchero y el pepián.
Nunca conocí sus apellidos, pero su imagen no se ha borrado aún de mi mente. Puedo decir que yo era uno de sus consentidos; tal vez por mi carácter huraño, mi aspecto dócil y apocado… o quien sabe por qué. El caso es que sentía su cariño, como si con ello intentaba darme protección.
En más de una decena de veces la acompañé a su domicilio de Ciudad del Valle. Sobre todo de noche, cuando finalizaba su turno. Muy pocas fincas eran las que existían en este asentamiento. Habría que caminar por sinuosos caminos que, con la lluvia, se hacía más accidentado.
Espesos lodazales, sapos y ranas invadían esa ruta. A los lados emergían cientos de huizaches y otros arbustos. Alrededor de 20 minutos duraba el trayecto; pero con sus divertidas charlas el camino se tornaba ameno.
Mucho se divertía con las bromas que le jugaba “Chico Fierrolo”, mi compañero de cuarto, excelente amigo nativo de Bahía de Banderas, convertido desde hace tres décadas en un eficiente ingeniero agrónomo. ¡Ah!, ¡Y muy bueno para cantar!
En una ocasión, mi amigo Chico se acercó a la barra donde se nos entregaba el desayuno; un desayuno muy completo, por cierto. “Cómo quieres tus huevos”, le preguntó circunspecta doña Mary; esto es para preparar el platillo al gusto – con jamón o con salchicha, estrellados, rancheros, en fin -; pero el “Fierrolo” respondió con una de sus clásicas puntadas: “¡Cómo me los hace mi novia!”, le dijo… “¿Y cómo te los hace tu novia?”, inquirió ella. “¡Pa´rriba y pa´bajo!”, contestó él, al tiempo que soltaba una carcajada.
¡Ah!, ¡Qué tiempos aquellos! He tenido la oportunidad de conversar con mi paisano y amigazo del alma Chito Montero, con Panchito y con Adrián Orozco, quienes también fueron huéspedes de la Casa del Estudiante, instituida para dar albergue a los estudiantes provenientes de los municipios y que deseaban continuar preparándose a través de la Universidad Autónoma de Nayarit.
Juntos, nos transportamos hacia esas épocas de mediados de los años 70´s, cuando la Casa del Estudiante estaba en todo su apogeo.
Para poder acceder a ella habría que ostentar un promedio de calificación no inferior a 8. Éramos alumnos becados por la Universidad. “Beca tipo A”, presumíamos; y por medio de esta prebenda teníamos derecho a la condonación de las colegiaturas, casa, alimentación y servicio médico, entre otros beneficios.
La Casa del Estudiante se conformaba de cuatro cuartos; y en cada uno habitaban 25 estudiantes. Éramos 100, en total. A mí me tocó hospedarme en el cuarto 3.
De la Casa del Estudiante surgieron excelentes líderes universitarios. Recuerdo por ejemplo a “Murillo”, lo mismo que a “Mecatán” y al “Palmillas”, a “Orozco” y a “Ampelio”, entre muchos otros. Magníficos estudiantes la gran mayoría; todos ellos convertidos hoy en connotados profesionistas. Obviamente recuerdo con mayor precisión a aquellos con quienes compartí el “Cuarto tres”…
Tengo bien presente la imagen por ejemplo del ingeniero “Lupe” Ledesma”, del municipio de Ruiz, así como de “Temblador”, quien presta sus servicios al CBTA de San Pedro Lagunillas… Adrián Orozco, excelente amigo y al que alguna vez acompañé para solazarnos de las deliciosas aguas del Balneario El Manto, en El Rosario.
Mención especial merece mi amigazo y paisano del alma “Chito” Montero, de quien aprendí y sigo aprendiendo muchas cosas. Valentín o “Germaín”, de los mejores doctores del Seguro Social; “El Aguilús”, ¡Qué muchacho tan sencillo”; el ingeniero Inés Herrera, originario de Colima pero radicado en Tuxpan; “Chabelo el Platanero”, hombre demasiado inteligente, proclive a las investigaciones de fondo; ¡“El Mike”, de Paso Real, contumaz fisicoculturista, dueño de una fuerza descomunal, hermano del licenciado Braulio Meza; Efraín, Pancho, Adrián… ¡ufff!.
Famoso entre los famosos era el gran Alex, un muchacho de costumbres raras que tenía un enorme parecido con Juan Gabriel; “La Presa”, cuyo mote adquirió justamente por provenir de aquella comunidad del municipio de Santiago, Cutberto, originario de Rosamorada; incluyendo desde luego a mi otro paisano, compañero y amigo de muchos años, Saúl Robles, dueño de las Academias de Inglés Kennedy y Washington…
Pero bueno, el espacio no resulta suficiente para mencionarlos a todos; sin embargo en artículos posteriores me referiré a hechos y anécdotas divertidas ocurridas durante mi estancia en ese nostálgico lugar como lo es la Casa del Estudiante de la ciudad de Tepic.
























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