Mientras pasa y pasa el tiempo, la vida se hace cada vez más complicada. De eso estoy seguro; lo estoy viviendo ahora mismo. Hoy reniego de lo que sucede, reniego de muchas cosas. Siento que las puertas se van cerrando y, no sé por qué, pero van varias ocasiones en que sueño que quedo atrapado entre paredes.
Por eso, pienso que la forma en la que la vida fluye está mal. Debería ser al revés:
Uno debería morir primero, para salir de eso con un intenso sentimiento de felicidad por haberlo pasado.
Luego, vivir en un asilo de ancianos, viendo televisión y jugando a la baraja o al fútbol con tus amigos. Jugar en la súper máster, después en la máster, tercera fuerza, segunda, y así, hasta que ya no seas tan viejo.
Y trabajas por cuarenta años hasta que seas lo suficientemente joven para disfrutar de tu jubilación, si es que gozas de ese privilegio.
Jubilado ya, te dedicas a las fiestas, a la parranda, a tomar alcohol; sales con mujeres u hombres, que se yo; hasta que estás listo para entrar a la secundaria.
En la secundaria te diviertes con tus mejores amigos, descubres el primer amor y todo eso. Después pasas a la primaria. Eres un niño que se la pasa jugando sin responsabilidades de ningún tipo.
Luego vuelves a ser un bebé para que te arrullen y te den la leche calentita.
Al final vas de nuevo al vientre materno y pasas los últimos nueve meses de tu vida flotando plácidamente en líquido amniótico hasta que tu vida se apaga al momento justo en que padre y tu madre se disfrutan mutuamente; con la eyaculación, con el orgasmo. ¡Eso sí sería vida!
























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