No es la primera vez que me ocurre, pero con preocupación veo que pasan y pasan los días y mi ansiedad crece cada vez más. Algo ocurre en mi interior. He llegado incluso a la desesperación. De pronto me invade una sensación de incertidumbre, de dudas y temores.
Ayer fue uno de esos días. Regresaba de Jala y todo parecía estar bien, pero al sentarme frente a este aparato me invadió de nueva cuenta la ansiedad. Tuve qué recostarme un rato y cerrar mis ojos.
Me hice muchas preguntas. Por qué y más porqués sin sentido, sin respuestas. Sigo intentado encontrar el porqué de los por qué.
¿Por qué hay penas si existe la alegría?; ¿Por qué hay guerras si existe la paz?; ¿Por qué hay peleas si existe el amor?; ¿Por qué hay poder si existe la igualdad?; ¿Por qué hay sumisión si existe la libertad?; ¿Por qué hay muerte si existe la vida?
Sin embargo creo haber llegado a una conclusión, no sé si real o alentadora, o quizás ni mucho menos justa, pero al menos con sentido.
Necesitamos de cosas negativas, tristes, frías, oscuras, para valorar las cosas buenas, alegres, cálidas, luminosas.
Me doy cuenta que la vida es como el Ying, que está directamente ligado a su contrario el Yang; pero son inseparables el uno del otro.
Pienso que el mundo es una lucha de contrarios, en el que el bien y el mal están unidos de la mano y son inseparables.
En ocasiones, hacer el bien para unos implica hacer el mal a otros, aunque no sea meditado.
Yo no soy de los que piensan que los medios justifican las causas. Pero ¿quién decide qué medios son los adecuados para el bien común, aquel que nos beneficia a todos y no sólo a unos pocos?
























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